Ayer fuimos por primera vez al huerto. Me encanta verlo ahora, no como un terreno vacío, sino como la posibilidad de un vergel verde cuando llegue la primavera y el verano.

De momento no está vacío, unas desangeladas ramas prometen ser una parra verde más adelante cuando los rigores del invierno queden atrás.
Y tampoco estamos solos, aunque no todas las vistas sean bonitas, y tengamos sobre nosotros unas horribles torres de alta tensión, sus habitantes nos harán compañía durante los próximos meses. Ya no me sorprende que no emigren, y que en lugar de volver hacia febrero, espero que con nuestros primeros brotes verdes, ahora que tan de moda está la expresión, pasarán con nosotros este invierno. Quizá veamos a sus polluelos más adelante.

Aunque tendré que dedicar mi tiempo libre en aprender, espero que las entradas futuras hablen de recolecciones y nuevas plantaciones y que el verde sustituya al marrón de la tierra lo más pronto posible

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